TODOS DEBERÍAMOS SER FEMINISTAS

March 8, 2021
Rutas

Pienso que ojalá no fuese necesario ya manifestarse este día. Pero lo es. Aún necesitamos tomarnos la molestia de darle voz. Me gustaría que se llamase el Día del Feminismo, para que los hombres también lo sintiesen como suyo. Porque este es un problema del género humano, como el racismo o la inmigración. No es un problema de las mujeres. TODOS DEBERÍAMOS SER FEMINISTAS. No lo encontré anoche entre mis libros pero aprovecho para compartir la portada de la edición reeditada para 2021. Chimamanda Ngozi Adichie es nigeriana. Sabe bien de lo que habla, pero el texto está dedicado a todas las sociedades, y sobre todo a las más avanzadas que son las que más pueden acceder a leerlo y tratar de cambiar el futuro, al igual que el otro ( que sí encontré) CÓMO EDUCAR EN EL FEMINISMO. Dos libritos joya. En Nigeria, 1 de cada 4 mujeres sufren mutilación genial, llevada a cabo por un “circuncidador tradicional “ y sólo un 10 por ciento a manos de una enfermera, 1 de cada 3 mujeres sufre violencia física, la mayoría a manos de su marido. Vale, esto es África. Pero en España también tenemos lo nuestro, no hace falta que lo nombre aquí porque es noticia cada dos por tres.Y no sólo es la violencia de género, sino tantas situaciones de desigualdad y abusos de poder.
El otro día vi “The Assistant”, maravillosa película escrita y dirigida por una mujer ( lo remarco porque sólo el 15 por ciento de las películas que se ruedan son creadas por mujeres) que con una sobriedad exquisita donde el morbo del asunto, los abusos del productor Harvey Weinstein, no se muestra nunca en imágenes ni la protagonista se cambia de ropa (transcurre en un sólo día), cuenta como la autorepresión a la que ella se somete para conservar su puesto de trabajo, la lleva a elegir entre ir hasta el fondo del asunto y contar la verdad o callarse y dejarlo estar. Y seguir seguir aguantando las vejaciones verbales que tiene que aguantar por el simple hecho de ser mujer. Muchas de nosotras tenemos alguna historia de abuso, físico y/o verbal. El hecho de que no lo contemos tiene más que ver con el deseo de cuidar nuestro nombre, de seguir con nuestras vidas y no pasar a ser llamadas víctimas, en el mejor de los casos, o locas trastornadas en el peor. Pero no olvidamos, no debemos hacerlo, por nuestros hijos y nietos. A ellos sí es necesario que les contemos nuestra historia.
Quiero soñar con una alianza entre mujeres y hombres para luchar juntos por una sociedad más justa, más sabia, más humana, más feliz. A todos los que me animaron algún día a ser libre, gracias. Sigo en ello.

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Vuelos Cancelados

July 14, 2020
Poemas

Vuelos cancelados

Cuando apenas yo sabía que los ojos de los extraños se parecían,
cuando perdía el beat, y no la vida.
Y el avión se retrasaba…una hora, dos horas, tres días.
Y no importaba nada. Nada importaba nada.
El poeta amaba, afinaba su vista, y yo pensaba que estábamos bien.
Que la vida mandaba, que así tenía que ser.

Pero llegué a este lugar, donde todo pudo darse y ser,
Donde sentarme a leer, y a pensar que alguien se retrasaba…
Alguien se retrasaba más que yo, pero no perturbaba mi calma.
Vuelvo entonces mi mirada a otro tiempo más ligero,
Aquel tiempo insensible, frívolo, acelerado… cruel.
Aquel amado tiempo mío, sin casa, ni cama, ni armario ni hotel.
Aquel tiempo eterno donde la vida acampaba de prestado.
Aquel tiempo amado con todos sus días en fila para perder.

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Cumple de Bobby 2020

May 24, 2020
Rutas

Hoy es el cumple de Bob Dylan.
Mi amor por él es tal que metí su nombre en el título de una de mis canciones, Cumple de Bobby, en ella narro un encuentro en un concierto homenaje que le hicieron en la azotea del Círculo de Bellas Artes, allá por el verano de 2012. También aparece en Alas de gigante, otra canción muy querida, en esta la historia se da en un concierto de Dylan en Alcalá de Henares, en el verano de 2005. Yo por aquel entonces ni tocaba la guitarra, claro, pero escribí el texto de la canción al día siguiente de aquel concierto.
La saqué el verano pasado, con la voz de Rubén Pozo a dúo con la mía.
Y bueno, luego está “Balada de un hombre menguante”, que es de mis preferidas, de mi disco Los amantes, 2016, me gusta un montón la producción que hizo Paco Loco. En el primer verso canto, “suena “Ballad of a thin man”, canción mítica”, que es otra canción suya que me vuelve loca, de Highway 61.
Su música me ha acompañado toda mi vida, sus palabras, su sabiduría me han ayudado a tirar miles de veces. Siempre que me mudaba de casa, y han sido muchas, ponía un disco suyo y me sentía más fuerte, con menos miedo. La primera vez que le escuché en serio, fue por una cinta que me regaló un novio que tuve en mi adolescencia, grabada por él, con los Dylan hits. No me gustó, me resultó muy áspero, lo mismo me ocurrió con Lou Reed y Leonard Cohen y luego, amor eterno. Por aquel entonces mis oídos, acostumbrados a la música clásica y al pop suave y comercial que ponían en la radio, no aguantaban sonidos tan crudos, ni lo intentaban si quiera. Pero me dio palo tirar la cinta. Y más después de dejar al chico que me la regaló. Así que la guardé y cuando tuve coche un día la puse así entre la pereza y la curiosidad, y cómo ya no veía a aquel novio pues también por nostalgia tal vez. Le dediqué más atención para tratar de entender sus gustos, que en otro orden de cosas eran tan dispares a los míos. No saqué esa cinta del reproductor en mucho tiempo. Tanto que un día se salió. No me importó porque yo ya había empezado a comprarme sus discos con un placer brutal.
Dylan tiene una canción, no muy conocida, que para mí es la mejor canción jamás escrita sobre la violencia de género, se llama “License to kill” de su disco Infidels.
Os copio la letra por si queréis leerla. Él nunca se ha definido políticamente, ni tampoco nunca dijo eh, soy feminista. Y bueno, escribiendo las canciones que escribe ninguna falta le hace. Hablan por sí mismas, y listo él, porque llegan a la conciencia de mucha más gente.
Toma libraco os he dejado aquí, jaja, como las canciones de los que me gustan, llenas de palabras. A Instagram no le gustan los textacos, ya me ha dicho, " eh, hasta aquí, que violas nuestras políticas de uso, Marta, todo corto, sexy y cool y si no, fuera, a tu p*** web.
Felicidades Bob, fuente eterna de inspiración.


License to Kill

Man thinks 'cause he rules the earth he can do with it as he please
And if things don't change soon, he will
Oh, man has invented his doom
First step was touching the moon
Now, there's a woman on my block
She just sit there as the night grows still
She say who gonna take away his license to kill?
Now, they take him and they teach him and they groom him for life
And they set him on a path where he's bound to get ill
Then they bury him with stars
Sell his body like they do used cars
Now, there's a woman on my block,
She just sit there facin' the hill
She say who gonna take away his license to kill?
Now, he's hell-bent for destruction, he's afraid and confused
And his brain has been mismanaged with great skill
All he believes are his eyes
And his eyes, they just tell him lies
But there's a woman on my block
Sitting there in a cold chill
She say who gonna take away his license to kill?
Ya may be a noisemaker, spirit maker
Heartbreaker, backbreaker,
Leave no stone unturned
May be an actor in a plot
That might be all that you got
'Till your error you clearly learn
Now he worships at an altar of a stagnant pool
And when he sees his reflection, he's fulfilled
Oh, man is opposed to fair play
He wants it all and he wants it his way
Now, there's a woman on my block
She just sit there as the night grows still
She say who gonna take away his license to kill?

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Tarta de cumpleaños

May 4, 2020
Poemas

Tarta de Cumpleaños
(Poemita escrito a mis 27 que he encontrado ahora ordenando mis libretas)



Tic-tac Tic-Tac.
Hoy es mi cumpleaños.
Ventisiete.
Me desnudo.
Me quito el abrigo azul,
el gorro, las botas militares,
el pantalón, ajustado, recto, enfadado,
el jersey viejo con bolas,
la camisa de botones,
el sujetador, sin cierre, no hay manos.
Y las bragas, por fin las bragas.
Miro mi sexo, teme perder la batalla.
Me sumerjo en el agua. Todo se para.
Un murmullo lejano, visión desenfocada…
indefinida como mi vida.
Nado más rápido, a ras del suelo.
Nadie me atrapa aquí.
Sólo el murmullo.
Aquí gano yo y el agua.

Compraré flores hoy, y haré una tarta.
No daré una fiesta pero haré una tarta.
Nunca he hecho una tarta.
Una mujer debería saber hacer tartas.
Y tortillas de patatas.
Claro, pero yo no soy tan mujer, dicen.
No sé hacer punto ni croché.
Ni callarme resignada.
Camino despacio. No hay prisa.
Casi es domingo. Y nadie recuerda mi piso.
Ay, el tiempo. Cada cual con el suyo.
Mi tiempo en redondas.
Gordas y pesadas en su gran pentagrama.
Nadie me espera detrás de esa puerta .
Quería escuchar las campanas de la iglesia.
Las voces me pesaban.
Ahora me pesa el tiempo.
Me enamoré del silencio.
Y está bien. Tal vez sea mejor así.
Mejor para mí, peor para ellos,
mis besos muertos.


Compraré flores. ¿Cuáles?¡Violetas!
Podré llevarlas en la mano. De la mano.
Me quedé suspendida en el salto.
Como un dibujo animado.
Probé sin manos. Aprendí un rato.
Pero aún no sé cómo curarlo.
Camino sola.
Tengo miedo de no poder aguantarlo.
Está bien, llevo las violetas en la mano.


Haré una tarta. De chocolate y pasas.
Pasas secas, dulces, arrugadas,
pasas, se pasan las pasas.
Y pasa a mi lado todo aquello que pasa.
Y todo pasa, me digo, presente del indicativo.
Pero ay, presente, no suenas vivo.
Saltan a mi lado las pasas y las tartas.

Marta Tchai

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La vida en altamar

April 5, 2020
Poemas

La vida en altamar


El olvido erosiona.
Tanto como erosiona a la piedra el mar.
Y el olvido, madre, era la enfermedad.
Dicen que el amor y el mar se parecen.
Al mar-orilla será.
Ese mar que tocas,
y a veces refresca, otras enfría.
Ese que empuja y golpea cuando hay bandera roja,
O se pone violento en un temporal,
y te chupa, te vuelve a chupar,
y te puede incluso llegar a matar.
El mar-orilla, que sube hasta el límite,
llevándose por delante ropas y sombrillas,
pero luego vuelve a bajar,
te presta su arena, te invita a pasear.
La orilla a veces sucia del mar…
que escupe plástico, botellas rotas
y algunas otras cosas (que no quiero nombrar),
pero a la vez te da conchas,
algas brillantes, caracolas.
Mis pequeños amores-orilla,
mis grandes amores-orilla…
siempre en simulacro,
temerosos de zarpar.
Cuando escribo sobre el amor
me gusta hacerlo rimar.
En poemas o canciones,
me pregunto por qué será.
El amor debe ser otra cosa,
no sé si admite rima,
ni si admite un plural,
no sé si lo conozco,
o lo he olvidado ya.
O sea tal vez todo,
tal vez la orilla contenga al mar.
Tal vez, no lo sé, no soy orilla,
ni molino ni ola, ni sé zarpar.
–Sé parte del mar, hija mía,
ama como se ama en altamar,
como ama el héroe, el naúfrago,
el marinero, el capitán.
No tengo ninguna hija,
lo he dicho al azar,
Ni es algo que dijera mi madre...
mi madre…¿dónde estará?.
Recuerdos del futuro…
de todo aquello que no está.

Fui adicta a la euforia.
Lloró la memoria,
olvidó la voluntad.
y ahora que recuerdo,
desde aquí, desde mi altar,
siento el cuerpo pesado,
como cansado de bailar,
y es que el amor se me parece
a un viaje exótico y lejano,
como le decía yo a mi no-hija,
siendo la madre que no-está:
“el amor se me parece, hijita mía,
a la vida en altamar.”
Marta Tchai 2020

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La Morfina es una droga blanda. Capítulo 1

December 14, 2019
Drogas blandas

La Morfina es una droga blanda






Se vuelve extraño que la enfermedad no haya tomado su lugar junto al amor, la guerra y los celos entre los temas centrales de la literatura.


“Sobre la enfermedad”
Virginia Woolf













Una enfermedad llamada Olvido


Me enamoro /Me olvido/ Me vuelvo a enamorar.
Un verso libre para una canción que aún no he escrito. Podría llamarse “El Molino”. Tres frases de estribillo, firmes como aspas.
Enamorarme y olvidarme de mí. Olvidarme… como hacía ella, mi madre, conmigo. Como hacía mi madre con ella misma. Como haría yo luego con las dos. El olvido rima conmigo.

Perdonar y olvidar. Recordar no era un verbo importante. Cuando ya estaba muy enferma comencé a escribir pequeños bocetos de su estructura, sin más objeto que el recuerdo, como fotografías adornadas en mi imaginación. Era mi última oportunidad de lograr comprenderla. Y cuando se fue, empecé a escribir sobre mí, sobre mi vida hasta su muerte, mi vida yonki del olvido de mi persona, mi vida esclava de la búsqueda voraz de una otredad que me devolviera algún reflejo vago de mi identidad.









Primer día de Morfina.

Badajoz, Agosto 2015


No estoy sola. Ella está conmigo, aún está aquí. Me gusta mirarla. Ha adelgazado mucho, se ha vuelto muy pequeña. Nunca la había visto tan tranquila…ni tan bella.
Me ha leído el whatsapp que le ha enviado mi prima Isabel. Le hablaba de su risa, “la risa más bonita del mundo”, decía.
Lleva un babi verde de algodón áspero que se abre por la espalda. Está sentada sobre la cama, con las piernas dobladas al estilo indio. Parece una adolescente, haciéndome espacio a mí para compartir el colchón de 80. Hemos dejado encendida sólo una de las luces de neón, la suficiente luz fría para iluminar esta habitación de hospital. Es espaciosa, y a su manera guarda cierta armonía, tan sólo quebrada por dos armarios viejos que se ierguen en las esquinas y por un cubo de basura descomunal que ocupa todo el espacio libre del baño. La silla donde voy a dormir tiene un respaldo abatible. También es verde. La silla es verde, y su respaldo es verde. Como el babi de ella. Como los árboles, la hierba, algunas verduras frescas… Verde, su color favorito.
Es sábado,1 de agosto, se respira una paz tremenda aquí. No hace calor. A pesar de que estamos en Badajoz, y el verano en Extremadura es cruel. Me siento a salvo. Aún siento que ella puede protegerme, como si fuese a quitarse de un manotazo las gafas nasales, y a cogerme de la mano cantando eso de “somos flores, somos rosas, somos lindas mariposas”.
Siempre tuvo una risa preciosa, una risa que se queda sonando dentro de ti, acunándote, una risa profunda, llena de vida. Mi madre. Qué dos palabras tan necesarias. Ella es mi madre, pienso mientras observo cómo se ríe. Qué poco he usado yo este posesivo.
nsaje de Isabel es una relaci míunto a ella.y la silla donde yo voy a dormir ujer de una elegancia exquisita,
Hoy le han dado morfina por primera vez a la hora de la cena. El dolor se ha esfumado de golpe… y ella parece iluminada, más cerca de la divinidad que de nosotros, dice que está recordando, que la cabeza se le ha llenado de imágenes. Me cuenta cosas como que antes de que naciésemos nos tenía preparada una habitación con una moqueta roja pero que como no se quedaba embarazada, al mirarla cada mes, cuando le venía la regla, se echaba a llorar. “Tendrías que haber cambiado la moqueta, mamá, por una de otro color…verde, por ejemplo.” Lo pienso, no se lo digo. No para de hablar. Me siento afortunada por estar aquí con ella y saber que nuestra primera habitación era roja. Ni rosa, ni celeste, qué va, menuda cursilada. Una habitación roja para mi bebé, pues claro que sí.
Me cuenta también que tenía un teléfono góndola con un cable larguísimo con el que podía hablar por la casa mientras hacía otras cosas, y unas zapatillas rosas con un borlón.
–Un borlón muy grande, ¿sabes? – dice marcando el tamaño con sus manos, como si esto fuese lo más importante. Llora y sonríe, mientras se esfuerza por recuperar los detalles.
De pronto se queda callada. Me mira abriendo sus ojos enormes para reforzar su decisión, “Yo me voy a dormir”, con esa entonación que suele usar cuando quiere quitarle peso a las cosas.
Se duerme enseguida. Yo no tengo sueño. Juego con el teléfono a mirar fotos en Instagram de gente en la playa, todos muy morenos y sonrientes. Lo apago y observo el aparato, un Iphone 4, mientras imagino el teléfono góndola de mi madre. Cómo cambian las cosas. Siempre andamos aprendiendo a perder, costumbres, objetos, personas…y descubriendo lo nuevo. Me gustaría que algo no cambiase, no desapareciera. No tengo ganas de leer, y la silla verde es incómoda. Ella sí podría desaparecer y no mi madre. La miro dormir y lloro en silencio. Qué guapa está.

Hoy le he quitado como todos los días su anillo de casada para darle el masaje, dice que soy su "personal trainer", y al ponérselo de nuevo, como ha adelgazado tanto, me he confundido y se lo he colocado en el dedo corazón.
–En ese no, en el anular, apréndelo bien, hija mía– me ha dicho sorprendida por mi confusión.
–Ya lo sé mamá, me equivoqué– le digo disculpándome.
–Vamos a repasar, a ver– dice divertida, y empieza por el índice, al llegar al pulgar se queda callada –¿Y este, hija, cómo se llama?.
No se acuerda, yo me quedo muda ante su pregunta.
–No sé –le miento. Porque no importa, el pulgar ella apenas lo usa. Es el dedo menos bello.
Continúo masajeando sus piernas, veo cómo entorna los ojos, entregándose a mis manos.
–Olvídate del periodista ese, eh, es un cretino, ¿no le habrás contestado, no? –dice de pronto.
–No, claro que no, que le den – le miento de nuevo.
–Muy bien hecho, es un tío raro.

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Del amor y de las flores

February 14, 2016
Poemas

Amor, amoris....
Me gustan las flores...mucho. Sólo las que llegan sin peso, sin pretender arreglar nada, solas, con su belleza intacta.
Decía Alejandra Pizarnik: "La rebelión consiste en contemplar una rosa hasta pulverizarte los ojos". Grande Alejandra.

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Los amantes

February 9, 2016
Rutas

El 24 de febrero sale mi nuevo disco, el cuarto, se llama "Los amantes", y hemos conseguido que vea la luz en este mes, que aún es invierno.
El 7 de abril lo presentaremos en Siroco, Jota, Denis, Abraham y yo, será una noche bonita de luna nueva.
Hace un tiempo alguien de mi familia me dijo:
-¿Por qué no tiras la toalla?
Yo pensé ¿y qué toalla? Si nunca la llevo, me seco el sudor con mis manos.
En fin, ojalá que os guste el disco, yo como siempre, ya estoy pensando en el siguiente.
Con amor,
Marta

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Ceremonia virginal

November 12, 2015
Rutas

Ceremonia la escribí una mañana de noviembre de 2014. Había visto un documental de Cortázar unos días antes en donde hablaba de la “ceremonia de interior”, de esa necesidad que a veces le agarra a una de recogerse entre las paredes de tu casa. Me quedé con la idea… como una forma de ritual donde encontrarse.
Luego en Navidad se la enseñé a mi sobrina María, que es muy artista y tan bondadosa que juego sobre seguro porque incluso a las canciones que no le dicen nada les regala una sonrisa. Se la toqué y le pregunté, ¿cómo la ves? ¿Canto o hablo las estrofas? ¿cómo te gusta más? Habladas, me contestó, sin dudarlo un segundo. Pero luego mejor canta en el estribillo. Bien. Le hice caso. Nunca se equivoca.
A la vuelta se la toqué a Jota y a Carlos Mirat, y ellos le dieron el rollo electrónico que buscábamos en un principio para el disco, estaba obsesionada con explorar por ahí. Y después llegó Edu Baos, de tierras mañas y le dio todo el toque con el sinte.
A finales de febrero bajamos al Puerto de santa María a casa de Paco Loco … nadie como él para sacarle brillo a esta canción, a pesar de que se salía completamente de la línea del disco. No importaba. Nos gustaba y punto.
Ceremonia
Y la soledad más sola que nunca,
hacía esfuerzos por mirar alrededor…
pero no podía ver, tan mezclada y perdida en los otros…
Una ceremonia de interior donde recuperar
la pureza, la virginidad, la visión.
Todo está tan desordenado que no sé por dónde empezar.
Un asistente personal es lo que necesito para mi resaca emocional.
Echo de menos el mar, aunque nunca lo tuve.
A los ojos les cuesta fijar el ángulo justo al mirar atrás.
Y es que…no te veo, no te veo, no te veo, qué frágil espacio entre tu cuerpo y mi cuerpo.
Y es que no te veo, no te veo, no te veo, no te veo, no te veo yo.
Subo despacio la persiana, pero no hay nada detrás, el silencio nunca es silencio, es mi quimera, mi pasión oculta por el final.
Ojalá fuese pereza, placer, o liviandad, me miran todas las cosas, no sé a cuál mirar, ceremonia virginal.
Y es que…no te veo, no te veo, no te veo, qué frágil espacio entre tu cuerpo y mi cuerpo.
Y es que no te veo, no te veo, no te veo, no te veo, no te veo yo.


https://www.youtube.com/watch?v=3kZr3ceIifM&feature=youtu.be

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Seamos héroes

September 27, 2015
Rutas

Ser amante, ser héroe.
Me enamoro. Supongo que sí, que me ayuda a olvidarme de mí, es como estar con dos copas de vino toda la jornada, centrada en la mente, y en el cuerpo del otro. El amor se mueve con una mecánica similar a la del mar, es cierto. Por eso tal vez, las tareas cotidianas se vuelvan fluidas y alegres, como si una anduviese dentro del agua ; desperezarse, ducharse, tostar el pan, desayunar, fumarse un cigarro, pensar en un viaje, hacer la compra, hacer la cama, llamar a mi madre…. Todos los caminos andados quedan atrás, arrumbados en las esquinas, y las acciones toman formas nuevas, genuinas. La vida entonces parece ligera, brillante. Como un folio en blanco. Las velas se llenan de viento….y ya no molesta el corazón como si de un cuerpo extraño se tratase, como un objeto que no encaja en tu habitación.
‘Ser amante, ser héroe, ser feliz… ‘es de Pessoa, de su ‘libro del desasosiego’
Yo he andado siempre entre la melancolía y la euforia, y creo que la heroicidad requiere una cualidad más estable… “Los amantes, héroes”, me gusta. Un título que no abarco, lo tomo como un comienzo. Como el futuro.
Seamos héroes.

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La inmortal

December 11, 2014
Poemas

La inmortal
Cuando era inmortal
No veía nada, la vida mandaba,
Tú subías mi cuesta,
Yo espiaba por el balcón.
Luego te comías mis escalones de dos en dos.
La vida mandaba, yo tan virgen, con tanto miedo,
Sin nombrar nada, sin agarrar nada.
Creyendo saber algo…algo de nada.
Agacho mi cabeza, es la hora.
Llego tarde a lo importante.
Cuando fuimos inmortales,
nuestros sueños…nuestros sueños,
Los míos locos, los tuyos cuerdos.
Aún recuerdo cada esquina de tu cuerpo,
De tu pequeño cuerpo de acero.
Golpeábamos fuerte, muy fuerte.
Abandonamos a las madres,
Ellas nos abandonaron antes.
Y seguimos abandonándonos
Sin poseernos, sin poseer nada ni a nadie.
Cuando fui inmortal nada me dolía,
Corría y corría, los días me consumían...
Pero también el amor necesita su rutina
También el amor se despide en las esquinas
También el amor para y se organiza.
Y ahora pienso que he tenido suerte,
No quería decirlo pero rima con muerte,
He tenido suerte siempre,
Me abrazo el vientre, sonrío,
Y respiro hondo…
...como una superviviente.

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Berlín, primera vez

December 8, 2014
Poemas

Berlín, primera vez.
Aún la chica tímida canta en el Karaoke,
no conoce el filo maldito de la noche,
No conoce su voz frágil, desafinada.
El olor del kebab,
de la vida rápida, la vida hambrienta,
de las patatas recién fritas, de las carnes grasientas,
comidas en papeles, en vagones con vistas.
¿Hacia dónde quise ir?
No lo sé, siempre buscando…
miradas, pasos, posos.
La añoranza se instala en los pliegues de mi cuerpo,
aquellos años, cuando nada importaba demasiado…
y a la vez, todo importaba tanto.
La primera vez se sigue buscando,
siempre esa primera, preciada vez.
Ninguna pastilla me va a devolver esa emoción poderosa,
bendita, arrasadora, esa emoción mía …
descubro Berlín por primera vez.
Y me siento niña,
y ya no soy una niña,
pero me siento niña...
Por primera vez.

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La acera de los impares

November 17, 2014
Rutas

La acera de los impares
Seis de la mañana. Me despiertan los quejidos de un hombre. La palabra ‘puta’ invade mi habitación. Suena extraña, con el acento en la segunda sílaba. ‘Putá, putá, putá’. No me apetece salir de la cama, pero lo hago, más por conciencia que por curiosidad. Bajo las escaleras de metal de mi minúsculo dúplex y llego hasta el balcón.
La primera brisa del otoño se clava en la desnudez de mis brazos; parece que ya se ha ido el verano, con su ligereza y con mis camisones. Cojo la manta que dejo siempre en el sofá y me cubro con ella. Mi balcón no es el mejor ubicado esta noche, el hombre debe encontrarse tan sólo a unos metros de mi portal, en la misma acera, así que no alcanzo a verlo, pero está solo, no escucho ninguna otra voz. Veo cómo varios vecinos desde sus balcones llaman a la policía.
‘Putá, putá, putá’ La voz continúa obstinada, ajena a nuestros movimientos. No hay urgencia, no pide auxilio, es una queja resignada, agónica, como si creyese merecer su dolor. Alguien debería bajar. Me planteo hacerlo pero sigo impávida, volcada sobre el aparato de aire acondicionado. Aparece entonces un vigilante de seguridad, perfectamente uniformado, el portero nocturno de uno de los edificios de enfrente. Cruza la calle en dirección a la voz y le comunica, creo escuchar, que la policía está en camino. Sin dar más consuelo, gira sobre sus pies y vuelve a su puesto.
La policía llega pasados unos minutos. Cinco coches se alinean a la altura del número 15. Mi portal es el 19 y el hombre debe encontrarse alrededor del número 23 o 25, pero el primer coche frena en seco en el 15, tal como informó sin exactitud mi vecina de enfrente. Detrás lo hacen los otros cuatro. Yo, que aún sigo sopesando mi imparcialidad en el asunto, les grito de pronto: “¡Aquí, aquí!”. Los policías miran un segundo hacia mi planta cuarta, y corren despavoridos como si grandes llamaradas cubrieran los edificios. Pregunto entonces, de balcón a balcón, a mi vecina de los pares. Me cuenta que el tipo se ha pillado con la puerta eléctrica del garaje que está a dos portales del mío. “Se ha pillado” ¿cómo? Pero no pregunto más, observo a los agentes maniobrando alrededor del suceso y espero. Pienso en el título de la novela que me estoy leyendo “Queda la noche” de Delphine De Vigan, me gusta, es evocador. Son tantas las cosas que suceden ahí, en la calle mientras dormimos…las cosas que me sucedían a mí cuando no dormía, esas cosas ... La vida, en busca siempre de ese equilibrio, entre el afuera y el adentro. ¿Existirá? Ese equilibrio, digo. La echo de menos. Mi vida en la noche. Donde todo se para, y una puede ser, donde la identidad pierde su peso. Echo de menos mis noches. Solían ser mi único consuelo al paso del tiempo. ‘Queda la noche’. Gran título.
De pronto el hombre entra en mi campo de visión. Camina despacio, con una ligera cojera, en dirección contraria a mi portal, así que aún sólo puedo verle de espaldas. Parece joven, y bien vestido. La policía le pide la documentación. El chico contesta que no la tiene. Le preguntan si pertenece a la policía italiana, él se ríe y dice que no, que es francés. Le escucho hablar, me resulta familiar, pero es al darse la vuelta para sentarse en el bordillo de la acera cuando me quedo atónita. Lo conozco. Vive en mi edificio. Es amigo de Mourad, un chico marroquí de unos 20 años al que conocí en enero pasado cuando acababa de volver de sus vacaciones de Navidad. Había olvidado las llaves de su casa en Casablanca y me preguntó si me parecía seguro dejar las maletas en el descansillo de la planta baja. Esas fueron las primeras palabras que cruzamos. “Hombre, seguro, seguro.. no es” Le ofrecí dejarlas en mi casa. Eran dos maletas talla XXL, complicadas de transportar. De una educación y modales exquisitos, en cuanto cruzó el umbral y vio mis libros y la guitarra, exclamó: “¡Te gusta Dylan! A mí también, escribo poemas”
Desde entonces, me topo con ellos de vez en cuando, sobre todo con Mourad. Me gusta verles, son chicos curiosos, despreocupados, alegres… con esa soltura que te da vivir fuera de tu país, lejos de tu familia y de sus códigos; chicos que han leído a Kerouac, que creen en todo el ideario beat, fieles a una estética romántica sin impostura alguna. Fuman, se emborrachan, se sientan en los portales, en las aceras, hablan de poesía, y además tocan; rebosantes de vida.
Alex, Alexandre, es el nombre del ‘hombre del garaje’, pero esta noche no consigo recordarlo. Pues bien, Alex sigue sentado en la acera conversando con la policía sin prestar mucha atención a nada que no sea el dolor de su pie. Su actitud desinhibida está molestando a los agentes. “¿Dónde vives?”, le preguntan, y él, sin inmutarse, alarga su brazo hacia mi portal. “Ahí, vivo ahí” Pienso: “No tiene llaves”, “Pues venga, para casa”, le exhortan. Se levanta y, despacio, cojeando, avanza hacia mi portal. Mi vecina de los pares me grita: “Oye, ¡pero si vive en tu bloque!” Entonces, los diez agentes y Alex, que está explicándoles que, “¡bingo!”, no tiene las llaves de su casa, miran hacia nosotras. La voz que ha despertado a medio vecindario grita mi nombre: “¡Marta!”
Un agente me pregunta: “¿Lo conoce?”, “sí”, contesto, y mirando a Alex empiezo a balbucear : ” eres el amigo de, de….”. Alex termina la frase: ‘¡Sí, de Mourad!’.
El agente me pide que baje. Pillo el primer vestido que veo en el armario y me tiro escaleras abajo. Nada más abrir la puerta, la policía se esfuma. Alex me dice que lo siente muchísimo. ‘Estoy vergonzoso’, me repite con su fuerte acento francés; no para expresar timidez, sino para comunicarme ‘que se siente avergonzado’. Le pregunto que qué ha ocurrido y le invito a pasar. Uno de los coches de policía para a la altura del portal para comprobar que todo está en orden. Les doy las buenas noches con cierto aire conciliador como si Alex, que acaba de recordarme su nombre, fuese mi novio o mi hermano. Me cuenta entonces que había quedado con Mourad en la plaza del Dos de mayo para volver juntos a casa porque él había olvidado sus llaves. Pero se retrasó más de dos horas. Y claro, ni rastro de su amigo. Mourad a su vez se había dejado el móvil en casa, así que no habían podido comunicarse. A los dos les salió la barba con un móvil en la mejilla y parece que se despegan de él. Me gusta que haya gente tan joven que va a contracorriente. Termina de contarme que él siempre había pensado que ese garaje pertenecía a nuestro bloque y que por tanto tendría un acceso hasta su casa. Por eso, al ver que la puerta estaba cerrándose, pretendió pararla con el pie y entrar.
Aquí terminan los hechos. Alex subió a mi casa. Con la mayor naturalidad me pidió permiso para terminar de fumarse el porro que sacó del bolsillo interior de su cazadora; escribió a Mourad desde mi ordenador y esperó sentado en el sofá mientras yo recogía mi cocina americana, a un metro de él, antes de servirle un vaso de agua. Pasados cinco minutos sin recibir respuesta de su amigo, dijo con determinación : “Bueno, me voy”. Me dio las gracias repetidas veces haciendo gala de una cortesía impecable, y se disculpó por haber perturbado mi sueño. Le dije que podía quedarse si quería, echarse un rato... No quiso aceptarlo, me dijo que en su cultura esa hospitalidad no era habitual. “¿Cuál es tu cultura?”, le pregunté sorprendida, sólo sabía que era de París porque me lo acababa de contar. “Soy judío”, dijo. “Ah, como Mourad”. No sé cómo formulé semejante afirmación, porque sabía que Mourad era musulmán, pero debí de archivar en algún lugar de mi cabeza que al ir siempre juntos serían de la misma religión. “No, Mourad es musulmán. Somos primos, que no hermanos. Ni gays” Nos reímos, pero él enseguida se puso serio de nuevo. Se levantó del sofá, se ajustó la cazadora que no se había quitado y caminó hacia la puerta con esa dignidad que sostienen en el andar los cojos de verdad. Y ahí, con su mano en el picaporte, le volví a preguntar que adónde iba a ir. Sin mirarme, me soltó con contundencia, “A buscar a Mourad”. “Jesús” pensé, “qué tenacidad”. Pero sonreí sin mediar palabra. Conozco bien a los de esa especie.
Al día siguiente Mourad se comunicó conmigo al ver los mensajes en Facebook. A las dos de la tarde aún no sabía nada de Alex. Me dijo que él había pasado la noche en casa de tres chicas muy simpáticas que le habían recogido de la plaza del Dos de mayo. Se había quedado dormido esperando a Alex. Él sí había sido puntual. Y nada más, se alegró de que Alex no hubiese acabado en el ‘calabozo’, me hizo gracia que usase esa palabra, y más gracia aún el hecho de que no le pareciese tan grave la historia. Se disculpó en nombre de su amigo, con ese tono suyo elegante que usa siempre para tratar cualquier asunto. Le pedí que por favor se cuidasen, con una autoridad casi maternal, muy rara en mi, y ahí quedó todo el asunto.
Aquella mañana al salir de casa me quedé parada mirando el pasamanos de la escalera. El brillo de la madera jugaba, como cada día, con la luz de la ventana. Los acontecimientos de la noche anterior, toda esa adrenalina, no se habían filtrado ni en el polvo de las esquinas. Sólo tal vez el silencio, los hilos finos que lo componen, tenían en mis oídos una mayor presencia de lo habitual. Recordé a Alex entrando en el ascensor que ahora yo esperaba. Otra vez me poseía la misma añoranza que había sentido al despedirme de él. Como un espejo Alex me devolvía la imagen de aquella vida mía, urgente, accidentada, en donde cualquier catástrofe era posible. Se abrió la puerta del ascensor, entré y me miré en el espejo. El peso. Mi pasado, mi presente…ese presente mío que siempre había dejado suspendido en el aire, como el ascensor que me sostenía, siempre dispuesto para el viaje, para viajes en los que yo era impulsada por fuerzas ajenas a mí, viajes donde otros dedos eran los que marcaban los números.
Pulsé el cero, pisé la planta baja y salí a la calle. Un día precioso. Cerré los ojos e incliné la cabeza hacia el cielo dejando que el sol me calentase las mejillas. Ese era mi viaje. El mío. Caminar y dejar que el sol me calentase las mejillas. Por hoy era suficiente. Más que suficiente. Nadie pedía auxilio, yo tampoco.

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Bailar o no bailar.

March 18, 2013
Rutas

 Vuelvo a Italia, a Milán, que está muy cerquita de Turín, ciudad a la que llegué hace 10 años para trabajar en su compañía de ballet. Allí conocí a Jennifer Chicheportiche, una bailarina francesa con una chispa increíble. Vengo a verla, está de gira con Momix, la compañía neoyorquina.

Me dice el mismo día de mi llegada: " venga, Marta, haz el calentamiento con nosotros" y allá voy. Me planto unos leggings y piso descalza el suelo del escenario del teatro Nuovo de Milán. Tomamos clase escuchando a Bob Marley y a Martha Wainright. Y yo siento de nuevo, en mis músculos tímidos, esa sensación que me enganchó para siempre al escenario. Y de pronto quiero volver a esa vida, a sentir el suelo y el aire, esa posesión del espacio. Dura sólo un momento pero me gusta... "La belleza también paga sus impuestos" decía Modigliani. Siempre fue así...cuando uno elige algo, debe renunciar a lo otro. Me dice Jenny " ehi, tus piernas siguen igual, you've still got dancer's legs" y pienso que tal vez tenga razón, y no sea su cariño el que hable, porque en la forma puede que sí, pero en el fondo, nunca dejé de bailar.

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Reflexiones en la silla del dentista

February 18, 2013
Poemas

La silla del dentista'
El lunes tuve dos entrevistas y a mediodía fui al dentista. Riman, qué gracia, dejo así la frase. El caso es que como ninguno de los tres destinos andaba cerca, me puse a reflexionar en los diversos trayectos sobre la acción de “Abrir la boca”.
Mi padre solía decir: “En boca cerrada no entran moscas” o “Chitón, por la boca muere el pez“ o “Aquí, mirad y callad”, esta última exhortación especialmente dirigida a mí y a mis hermanos cuando irrumpíamos a incordiar mientras ellos, “los mayores”, disfrutaban de la sobremesa .
Mi madre, que siempre se prodigó más en palabras, iba mucho más lejos respecto al uso de mi boca, mi lenguaje, y mis interlocutores. Cuando empecé a usar sujetador, o “Suti” como ella lo llamaba (del francés “Soutien”), empezaron mis problemas de relación con el sexo opuesto. Y mi madre, que por algo me había parido, empezó a aleccionarme con la mejor de sus intenciones: Marta, debes escuchar a los hombres, les encanta, y callarte un poco. Que ellos te expliquen cosas…no hay nada que les guste más. Ajá. Bien. Cerrar la boca. Y obedecí. La cerré. Pero como escuchar a los chicos de mi edad no me seducía mucho por aquel entonces…más que nada porque escuchar sin poder intervenir es muy aburrido, pues me dio por bailar. A todas horas, como mi único sedante.
No sé si ahora estoy pagando esa contención lingüística de mi adolescencia o qué pero me pongo a hablar por los codos a la primera de cambio. Pero no me gustan del todo las entrevistas…es algo que no sabía, hasta ahora. Hablar tanto de mí…no sé. La palabra es engañosa.
El otro día, de madrugada, recibí un mensaje de alguien, alguien que solía decirme tres veces al día lo mucho que me quería pero a quien delataban sus acciones ( o más bien su no- acción) , quitando toda validez al verbo querer. Pues este señor, cual caballero del Medievo virtual, me mandó un sms de dos palabras: “Te quiero”.
Entonces me volví a preguntar ¿Abro la boca? ¿Sigo mi impulso de vociferar? O la cierro y como quien oye llover…
Recuerdo de pronto la voz del dentista, que es uruguayo y tiene un soniquete muy dulce al hablar, “Abra un poco”, “Cierre”, “Abra un poco, un poco más” , “Cierre, cierre más” Y me gustaría tenerlo tan claro…pero la vida se parece más a una canción de los Clash que a la consulta del dentista. “Should I stay, Should I go”
La palabra es engañosa, pienso en algo divertido con este "Te quiero" surrealista:
Te quiero
No me extraña
-Te quiero
- ¿Para qué?
-Te quiero
-Yo también me quiero.
-Te quiero
- ¿Y qué vas a hacer al respecto?
-Te quiero… poseer, corromper, confundir, debilitar, enclaustrar, vampirizar, violar, aniquilar, te quiero matar. Porque no te puedo tener.
Decido de nuevo lo mismo tumbada en la silla del dentista, que suelen ser de una comodidad tremenda, cerrar,cerrar, cerrar.
Y compongo este poemita, porque es febrero, el mes del amor. Y Amor es lo que yo quiero:
Te quiero.
Él abre su boca para pronunciar un verbo bello.
No es del todo cierto.
Él escribe en su teléfono un verbo bello.
Silencio. Lo recibo y cierro.
Mi boca, mi canción, mi teléfono.
Los verbos no abrazan,
No construyen casas.
Cierro.
Tengo frío.
Claro, ya es febrero.
No me di cuenta,
Tuve frío contigo...
Tuve frío todo el tiempo.

Marta Tchai

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Razones de óxido y hueso

January 13, 2013
Rutas

Vuelvo a hacerme preguntas. Había perdido la curiosidad… que es de lo peor que le puede pasar a una. Leí en algún sitio que las personas que no hacen preguntas o son estúpidas o tienen mucho miedo. Creo que en la segunda mitad del 2012 me convertí en ese tipo de personas que son las dos cosas. Miedosas y estúpidas. Ahora tengo miedo y digo estupideces, pero me hago preguntas, y para desgracia de mis amigos, vuelvo a hacerles preguntas.
“Todo lo que sucede, conviene” Es una cita de Shakespeare que me he repetido todo el otoño cada noche al acostarme. Me daba algo de calma. Cuesta encajar ciertas cosas, aceptarlas, digerirlas, cosas que una no puede controlar ni evitar. Y que dan frío. No he pagado tanto de calefacción como en la última factura, no se puede ni nombrar…y es que no soportaba mi añoranza terrible del verano. De un verano que se me escapó, un verano oscuro, escondido...callado. Ya pasó.
Ahora tengo frío también, pero como todo el mundo, es enero.
El otro día vi “ De óxido y hueso” una película francesa, de Jaques Audiard.
Y es terrible cómo la protagonista, que interpreta la preciosa Marion Cotillard, tiene que perder sus piernas en un accidente para encontrar a alguien que la quiera de verdad. Que la ame aún con su cuerpo mutilado, y le haga creer en el amor.
Como dice el poeta Vinicius da Moraes "La vida es el Arte del Encuentro". Y en la pérdida también encontramos cosas, aunque tardemos más en verlas.

Marta Tchai

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Recogida de basura a domicilio

October 18, 2012
Rutas

Recogida de basura a domicilio
Me quedé toda la tarde tumbada,escuchando las gotas repiquetear sobre mi tejado. No hablé con nadie, no puse lavadoras, no hice el menor esfuerzo por leer, por tocar, por ducharme, por escribir alguna canción cargada de rabia…Respiré. Y volví a respirar, con la mirada fija en la pared blanca de gotelé de esta casa, otra vez, mi casa precipitada.
Fue cuando por fin me levanté a poner un disco, un disco de esa mujer que a ti no te gustaba, cuando lo sentí. Sentí como un mar de posibilidades se abría dentro de mí…y me sentí bien. Y me di cuenta del tiempo que llevaba sin sentirme bien. Un mar de posibilidades para mí, para mí sola, lejos de ti, de tu triste vida, de tu amor pequeño y cobarde, de tus palabras bonitas leídas en la pantalla de mi teléfono a media noche, de todas esas noches de ausencias frías, reprimidas, del segmento ambiguo, torturado de tu alma, de tu arranque, cada día, después del placer o del hastío, y del futuro prometido, de tu arranque feroz y decidido hacia tu otro mundo, burgués y ordenado...prohibido.
Un mar de posibilidades para mi vida... Respiro. Y vuelvo a respirar. He contratado a una empresa de recogida de basura a domicilio para asegurarme de que se llevan tus promesas en bolsas bien atadas, perfumadas, bolsas que atenúen el terrible olor que desprenden esas palabras que el tiempo y la ausencia de hechos, y la consumación de otros hechos perplejos, transformaron en mentiras. Huele tan mal la mentira... Me marea. Es la única sutileza que me regalará la justicia: que tus palabras permanezcan en su hedor. Lejos, en algún lugar muy lejos de aquí. Muy lejos de mí.

Marta Tchai

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Todas las cartas de amor son ridículas

September 4, 2012
Poemas

Me encanta este poema de Pessoa...son Difíciles las palabras Esdrújulas...como los sentimientos esdrújulos.

Todas las cartas de amor son
ridículas.
No serían cartas de amor si no fuesen
ridículas.
También escribí en mi tiempo cartas de amor,
como las demás,
ridículas.
Las cartas de amor, si hay amor,
tienen que ser
ridículas.
Pero, al fin y al cabo,
sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor
sí que son
ridículas.
Quién me diera en el tiempo en que escribía
sin darme cuenta
cartas de amor
ridículas.
La verdad es que hoy mis recuerdos
de esas cartas de amor
sí que son
ridículos.
(Todas las palabras esdrújulas,
como los sentimientos esdrújulos,
son naturalmente
ridículas).

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Impresiones a color de "En azul" nº1

August 8, 2012

Me gusta el nombre de esta revista digital " Renacer eléctrico". Aquí os dejo unas palabras que escribió Andrés Puente sobre mi último disco "En azul"...
http://renacerelectrico.blogspot.com.es/2012/06/marta-tchai-en-azul-audi...

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Letra Azul

August 8, 2012
Rutas

Letra Azul
Hace un año, en abril de 2011, presentábamos "Alaluz" en Fnac Callao. Al cabo de unos días me encontré con una crónica del concierto escrita por alguien que entró por casualidad a escucharnos. Ella es Elena Cardenal, tiene un blog que se llama "Proyecto de escritora", en él expone su visión del mundo, de las cosas que le emocionan y las cosas que le cabrean. Desde aquel día ha sido fiel a mis conciertos y a regalarnos su visión de ellos.
En junio de 2012, un año después, presentamos "En azul" en Fnac Callao, y Elena fue la primera en llegar. Esta es su crónica:
http://proyectodescritora.blogspot.com.es/2012/07/en-azul-marta-tchai.html

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Satisfacciones

January 1, 2012
Poemas

"Poemas y Canciones" de B. Brecht..., un libro que andaba circulando por mi casa entre los no leídos y que no recuerdo bien cómo llegó a mis manos. Lo abrí al fin. Es la poesía que me gusta, tan sencilla en la forma y tan profunda en el sentido. Empecé a leerlo en el trayecto Badajoz-Madrid y no lo solté. A veces me resulta muy fácil sentirme bien...
Os dejo los dos poemas que cierran el libro:

Cambio de rueda
Estoy sentado al borde de la carretera,
el conductor cambia la rueda.
No me gusta el lugar de donde vengo.
No me gusta el lugar adonde voy.
¿Por qué miro el cambio de rueda con impaciencia?

Satisfacciones
La primera mirada por la ventana al despertarse,
el viejo libro vuelto a encontrar,
rostros entusiasmados,
nieve, el cambio de las estaciones,
el periódico,
el perro,
la dialéctica,
ducharse, nadar,
música antigua,
zapatos cómodos,
comprender,
música nueva,
escribir, plantar,
viajar, cantar,
ser amable.

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La Palabra Fin

September 18, 2010
Rutas

Hoy, 29 de septiembre, huelga general, Madrid se ha parado. No ha habido ni prensa. Yo me siento un poco débil, lenta…como si hubiese estado toda la noche bebiendo.
He dormido poco. Esta mañana terminábamos “Alaluz”. Yo decía “sí, está bien, luz verde”, palabras que me cuesta pronunciar.
Probablemente si no tuviese cerrada la presentación aún estaría con él.
Nunca me he sentido tan cansada. Las canciones llegan a tu vida y se ponen tercas… y no paran hasta que ven la luz.
Todo se ha callado ya, ese todo dentro de mí que me dice que hice lo que debía hacer dentro de mis posibilidades. Ni mejor ni peor, tan sólo lo que tengo, lo que tuve. Recordar es un verbo necesario , y peligroso también. Pero ha ganado la partida y se ha quedado con lo mejor: estas historias.
He saltado a la calle esta tarde, y he caminado despacio, no tenía prisa, algo raro en mí. He dejado mi barrio, he llegado al centro y a todos sus barrios, he mirado cómo el cielo perdía su color y he vuelto con las plantas de mis pies ardiendo, ya de noche. No es tan grande Madrid, ni tan débiles mis pasos. He vuelto hasta la misma calle, General Perón, cantando como entonces empecé a hacerlo hace unos años…”Pasos, yo camino, yo camino mis pasos”
Fin es una palabra. Tan sólo eso.

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Eres un buen momento para morirme

December 14, 2009
Poemas

A María José
Amaneciendo y anocheciendo
a un mismo tiempo,
cariño, ¿no es ésta la forma
en que te gustaría vivir?
En mi cabeza hay un álbum
de fotos amarillentas
y lo voy completando con mis ojos,
con los más leves ruidos,
atrapando olores en el aire
y en cada sueño que sueño.
¿Sabes una cosa, pequeña?
La última página de mi álbum
tiene tu boca lluviosa mordiéndome un labio,
un disco de rock'n'roll
y calcetines de colores.
Mis ojos han sido rápidos,
te he hecho el amor con la ropa puesta
a través de una
larga pajita dorada
mientras cruzabas la calle
con el cabello ardiendo.
Pero ahora son tus pies
quienes dan mis pasos,
¡así que no te equivoques
pues me caería!
Te bebo en cada vaso de agua
que sacia mi sed,
mis palabras son claras como niños pequeños
o espesas como semen empapando cortinas,
pero hoy tengo que inventar
un nuevo idioma
para conversar con tus tiernos maullidos eléctricos
y los gritos de euforia
de la gente que vive en tu cabeza.
Debes saber que a veces
soy como un entierro interminable,
siempre triste y azul
subiendo y bajando
por la misma calle.
Pero otras veces soy un río de risa
corriéndome por toda la ribera,
haciendo el amor a la mar,
una felicidad contagiosa,
un revólver de amor, nena,
y voy a disparar justo a tu corazón
¡bang bang!
¿te di?
Quiero arrollarte, enrollarte y arrullarte,
montaña de aguardiente
y tarde rojiza.
Eres un buen momento para morirme.
Félix Francisco Casanova
(14 de diciembre del 75. Último poema)

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Licencia para matar

January 8, 2009

Me encanta el disco de Bob Dylan, Infidels. No es de los más conocidos ni de los mejores. Pero a mí me encanta. Tal vez porque las guitarras se las reparten Mark Knopfler y Mick Taylor... y hacen un buen tándem. La portada es de una sencillez tremenda, como una foto de andar por casa, Bob Dylan serio, en actitud penitente, ocultando su mirada tras las gafas de sol, el pelo enmarañado, barba de semanas...me gusta, no sé, me relaja, me gusta mirarla. O será que me gusta él...al margen de su música, me parece uno de los hombres más sexys de este planeta. Dentro, lo tengo en vinilo así que es una foto grande, él agachado, en lo alto d euna colina, cogiendo una piedra, y al fondo Jerusalén, la ciudad santa. Me viene a la cabeza, es el pensamiento al que él creo que quiere guiarnos, una frase de la Biblia, 'Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra'
Pienso que me gustaría como a Dylan poder tirarla. No por el hecho de estar libre de pecado y toda esa pureza del catolicismo sino por el peso de la culpa que para mí es también el peso del amor. Aprender a amar lleva un tiempo y puede olvidarse muy deprisa. Y siempre se hace daño, nos hacen daño, y siempre hay culpa. Ninguno podemos tirar esa piedra. Preciosa foto.
Al final de la cara A salta este pedazo de canción, 'License to kill'. No soy muy dada a aprenderme canciones porque no soy rápida, la verdad. Pero esta, nada más oírla, cuando apenas aporreaba la guitarra, me la aprendí. La letra es inmensa. Me tomé la 'licencia' de traducirla, necesitaba saber de qué diablos hablaba. Me pasó igual con 'Sweetheart like you', otro tesoro de 'Infidels'.
'Lo colocan en un lugar donde está abocado a enfermar', me pone los pelos de punta esta frase. Como el hombre es víctima del lugar en el que lo coloca la sociedad, el lugar en el que le delimitó su propia madre al enseñarle a caminar, límites equivocados. 'El lo quiere todo y lo quiere a su ritmo'.
Me parece importante que haya sido un hombre quien firma esta canción. '¿Cuántos caminos un hombre debe andar para que Hombre lo puedas llamar?' ( Blowing in the wind) Echo de menos que en mi país no sean precisamente los hombres, aunque sólo fuese por defender el honor de su género, los que estuviesen más implicados en la violencia hacia la mujer y la desigualdad. Siempre somos nosotras las que más lo denunciamos, en la política, en el arte, en el metro..y en las reuniones familiares.


Os dejo el enlace del vídeo:
http://tu.tv/videos/knopfler-y-dylan-license-to-kill


Yo también fui educada para apoyar y admirar al hombre, para escucharle, para potenciar sus habilidades, para buscar su amparo, su protección. Aún oigo a veces dentro de mí la voz de mi madre dándome sutiles instrucciones al respecto. Como en 'Un mundo feliz', de Huxley...lleva tiempo desarticular esa manera de pensar tan bien aprehendida, es una tendencia tan incrustada en el consciente particular y subconsciente colectivo que una siempre ha de estar alerta para detectar comportamientos donde la desvalorización y la humillación vienen servidas en bandejas de plata. Lo triste es que el hombre es a su vez verdugo y víctima también de su comportamiento, fueron enseñados por esa madre para esperar su ideal de mujer, para recibir nuestra admiración, nuestro apoyo, nuestro servicio y nuestra entrega incondicional, ese espejo del que habla Dylan, donde mirarse siempre, olvidando que la paridad es una condición necesaria para que cualquier relación de pareja funcione, y sea plena. Al no encontrar ahora ese espejo, perenne en la pared, para su uso y disfrute, la eterna 'mujer de', surje en él una frustación iracunda que le lleva a agredirla. Cuando un animal tiene miedo, ataca. Pero ese miedo, estuvo siempre ahí, latente y escondido, sujeto por una falsa ilusión de control. Nadie les permitió llorar por ese miedo. Y ahora ya es tarde para enseñarles a llorar.

74 mujeres murieron a manos de sus parejas en 2008. Sale casi a dos asesinatos por semana. Le doy vueltas al hecho de que nos hemos acostumbrado. Y es que es triste verlo en el telediario y pensar, 'Vaya, otra más'
Y algo debemos estar haciendo mal todos porque los enfermos no deberían estar en la calle. Hoy justo han dado una noticia en la radio: han encarcelado a una pareja por incumplimiento de la orden de alejamiento del agresor. 6 meses para él y 4 meses para ella, que afirmaba que ya no había peligro. Enfermos los dos, ¿Son las rejas la única manera de separarlos para que no se hagan daño? Está visto que a veces sí es así. Me viene a la cabeza una gran película sobre este asunto: 'El secreto de sus ojos'. Ojos que hacen que muchas mujeres tiemblen de miedo en su propia casa.
Aquí os dejo la letra de la canción, mi versión traducida, es mi manera de entender a Dylan, así que no puede llamarse traducción. También creo que la poesía es un género difícil de traducir, y mucho menos por mí, que a veces me cuesta la vida hasta traducirme a mí misma.
Y el vídeo...no dejéis de verlo.

Licencia para matar. Bob Dylan
(interpretación libre, Marta Tchai)
El hombre piensa que si gobierna la tierra,
Puede hacer con ella lo que quiera,
Y si las cosas no cambian pronto, así será.
Él inventó su noche oscura,
El primer paso fue tocar la luna.
Y aquí una mujer llora en mi escalera,
Mientras aún la noche crece más,
Ella dice ¿quién le quitará su licencia para matar?
Ahora lo agarran y le enseñan..lo arreglan para la vida.
Lo colocan en un lugar
donde está abocado a enfermar.
Después lo entierran con estrellas,
Venden su cuerpo como una moto vieja.
Y aquí una mujer sentada en mi escalera,
Mientras aún la noche sigue creciendo,
Ella dice ¿quién le quitará su licencia para matar?
Ahora él está rozando la destrucción, está asustado y confuso.
Su cerebro
ha sido mermado con gran habilidad.
Todo en lo que cree son sus pupilas,
y sus pupilas sólo le cuentan mentiras.
Y aquí una mujer, sentada en mi escalera,
Mientras aún la noche sigue creciendo,
Ella dice ¿quién le quitará su licencia para matar?
Puedes ser un ruidoso, un espiritual,
Un Don Juan Tenorio o un matador de toros.
Dar la vuelta a todas las piedras por voltear.
Puedes ser un actor en una pecera,
Eso puede ser todo lo que obtengas,
Hasta que tu error al fin aprendas.
Ahora él adora un altar de agua estancada,
Y cuando ve su reflejo,
Le ciega, no puede ver nada más.
Oh, el hombre contrario al juego limpio.
Él lo quiere todo y lo quiere a su ritmo.
Y aquí una mujer sentada en mi escalera,
Mientras aún la noche sigue creciendo,
Ella dice ¿quién le quitará su licencia para matar?
Es amplia la tonalidad hasta llegar al negro....a ese color del que ya no se puede volver. Muchos los gastan y muchas lo permitimos.
Gracias, Bob,
Marta Tchai.

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